CUMPLEAÑOS

CUMPLEAÑOS Ridículamente feliz y con ganas de llorar, ocultas el rostro al ordenar lentamente los soldados de plomo en el estante y el otro regalo: un libro. El mismo sentimiento que el de los momentos en que ella se viste y maquilla para ti como si fuesen convidados a la mesa del monarca. Recuerdo: estas matriarcas -jóvenes entonces- me peinaban y hasta pepas de limón podía encontrarse en el tordo negro de mi pelo; recuerdo rodillas sangrantes homenajes y efemérides que debía memorizar en una sala fría. El ventilador, en esta foto por ejemplo, está encendido, los gorros cónicos...

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