CUMPLEAÑOS

Ridículamente feliz y con ganas de llorar, ocultas el rostro
al ordenar lentamente los soldados de plomo en el estante
y el otro regalo: un libro. El mismo sentimiento
que el de los momentos en que ella se viste y maquilla para ti
como si fuesen convidados a la mesa del monarca.

Recuerdo: estas matriarcas -jóvenes entonces- me peinaban
y hasta pepas de limón podía encontrarse
en el tordo negro de mi pelo; recuerdo rodillas sangrantes
homenajes y efemérides que debía memorizar en una sala fría.

El ventilador, en esta foto por ejemplo, está encendido,
los gorros cónicos con serpentina en la punta lo confirman.
Las morochas con escarmenados a la usanza de la época son:
– mi madre (ojos tristes)
– algunas tías (Jap, católicas, P.N.)
y el del centro soy yo
con el gorro más vistoso y la polera del Colo.
………………………..

Y nuevamente, tras los años, las mujeres
-novia, hermana, sobrina carroliana, madre-
te asisten en la hora de apagar una vela sobre un trozo de torta
como si desde ese día en adelante cada paso
fuera a ser distinto.

Detalle de la foto. Marta Vielma