algunos jugaban ajedrez en las bancas
que eran un borde de esos jardines
con malvas y cardenales en la acera
de casas de fachadas continuas

Algunos leían una revista juvenil del Mercurio
tendenciosa, lavadora de cabeza
y con faltas de ortografía por doquier
Se llamaba Rumbo. Plena dictadura.

Eso había para leer y eso leíamos

también el Artes y Letras del Mercurio
con escalofriante propaganda anticomunista
que haría quedar chico a varguitas llosa
y mucho proselitismo del Opus.
A veces venía alguna nota buena eso sí,
un cuento clásico, algún tesoro
que encuentra el sin techo en la basura.
Procrastinar y hacer vida de adolescentes
corriendo, hueveando, las minas
haciendo gimnasia o en ajedrez y las revistas
Pelear sin herirse, jugando.

Había olvidado que era mi cumpleaños
hasta que llegó mi hermana del trabajo
con una torta y chocolate para beber
y a los que les tocó por casualidad estar afuera
los invitó a pasar y encendió unas velas
y estaban felices de tomar algo caliente y dulce
algunos estaban ahí de casualidad,
algunos ni siquiera eran amigos
y la sorpresa le agregó mucha alegría al asunto.

(Germán Carrasco, de poemas de séptimo básico)