Germán Carrasco

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mantra

Mantra de Remos (Selección)

Mantra de remos
(algunos poemas)

Idioma del mantra de los remos

Hijo enseña a mirar a padre,
le refresca la gramática.
Piensan su sino de cronistas
y en el sentido del retrato.

El Niño es el Padre del Hombre.
Hijo descubre a Padre: reza.
Lo que sigue son las palabras
del raro rezo de Pa:

No es por mostrar mis credenciales
ni hacer lobby contigo. Imagino
que no estarás para pavoneos
o corvetas lingüísticas
así que me permito declarar.

Como te decía, desciendo de gente
que hablaba sola y miraba al suelo
pero fui parido al ritmo del rock
& roll por padres jóvenes.

No infecté al mundo con prensa.
A veces sin querer pasé a llevar
a alguien por ahí, y dije barbaridades
pero era joven entonces.

Gasté poco petróleo plata agua,
caminé largo y me soñé en la pesca
en Magallanes, o en la esquila
cuya lana abriga el frío de la culpa

Jamás me afilié a un grupo
de repartición –tan jóvenes y ya en eso-
Leí a los vecinos para salir de la isla:
no basta con hablar otro dialecto

sino sentir el mantra de los remos
sin despreciar la palabra local
ni despreciar a hermanos mayores
ni ignorar a hermanos menores.

Aprendí algo y traté de transmitirlo
en esta Babel transaccional,
Babel no por políglota
sino por la severa incomunicación.

Nací, en el mejor de los casos,
en un país femenino y receptivo
y en el peor: un país de gendarmes
e inspectores de colegio delictual.

Trataré de no errar, de abrir el cuore
y de hacer todo lo que pueda
pero considera todo esto
y mi educación de liceo fiscal

si llegase a resbalar, que es muy probable,
si llegase a perder el ritmo,
si luego de un tramo largo se me resbala
un remo y cae al agua, ponte tú.

 

Nidos

Un chincol cruza
una calle céntrica
De su pico cuelgan
40 cms de cinta
de cassette
para su nido.

La ciudad está llena
de cinta magnética:
huiros en las aceras
y en el tendido eléctrico
tras el tsunami.
Plumeros, pelucas
de payaso, algas marinas
de alcantarilla. VHSs
ochenteros. Nidos
en calles y bordes
de carreteras.

 

Gritabas en la plaza cual evangélico demente
(ensayo sobre la poesía social de los años 60 y 70)

Lo veía siempre en Maruri con Gamero
cuando yo pasaba en bicicleta por ahí.

Esta vez parecía haber bebido.

Vi primero su traje reflectante
y su gorra de Capitán-Estacionador de autos.

Movía las manos como si avisara
el fin del mundo.
Arengaba:
“¡Oiga!
¡¿Se acuerda cuando para el once nos hicieron polvo?!
¡Nos hicieron recagar, pero como dice el poeta,
Pero de polvo en polvo aquí estamos otra vez,
como usted, que alcanzó a tomar leche de la u.p
y por eso es alto como un álamo!
¡Pero de polvo en polvo aquí estamos otra vez
reproducidos y cacheros como dios manda!

¡Ud. es producto de eso!”

Y cuando decía de polvo en polvo
penetraba una y otra vez, obscenamente
con el índice derecho
un agujero que hcía con pulgar e índice
de la mano izquieda
o el gesto de fornicar con todo el cuerpo
como si bailara limbo
o se culeara al aire,
ridículo y visible desde lejos.

“¡Sí, Ud era casi un bebé durante esos tiempos,
Ud. no tiene ninguna referencia
de lo que fueron otra maneras de hacer las cosas,
pero yo sé, yo sé,

¡YO LO SÉ TODO!”

Lo escuché durante todo mi trayecto por esa cuadra.
gritar como mal poeta poseído por
vaya uno a saber qué cosa.
Y pensé: debe estar borracho, puede incluso
que me empuje de la bicicleta
o lo atropelle yo mismo,
así que desaceleré y asentí a su arenga

Luego me vio alejarse:

“¡Acuérdese de lo que le digo!”

Miré hacia atrás y hacía señas
como si yo fuera un viejo amigo
que se va a un país lejano
o uno de esos tipos que señalizan el aterrizaje de los aviones
blandiendo algo como las espadas de Starwars.

Así se despedía
en su traje reflectante color naranja
con dos rayas amarillo flúor
y un sombrero de Capitán desquiciado de navío.

 

La marcha triunfal

De regreso de la ferretería
pasé por la Plaza Central
en donde me senté
a sentir los últimos soles
de abril

Fue el día de uno
de los tantos terremotos
y se anunciaban tsunamis
en las costas del norte

Había escuchado a los lejos escuché
un ruido desafinado y dulce,
quizás devotos krishna
o un vendedor
de dedales de oro
o peces en frascos

pero era una marcha de niños autistas
con sus madres y padres

Serían unos 20.

Cuando llegaron a mí
hice el gesto de aplaudir
y apoyar su causa.

Una mujer, madre de alguno, se acercó
y me dio una pancarta
de 9 x 7 cms
con una barrita de madera
para brochetas.

La clavé en el pasto y me quedé
en una felicidad autista-

 

Fábula

Ruiseñor,
te envía saludos la serpiente.
Dice que le gusta como cantas.
Le parece injusto que la retraten
junto a plantas nucleares.
Prefiere aparecer como la bufanda de Lord Krishna
o abrazada a una amiga, como dos chicas que, entre risas,
comparten una copa en el logotipo de una farmacia antigua.

Mudar de piel:
rejuvenecimiento constante,
cobre que no se oxida.

“El hecho de retratarme junto a la planta nuclear
es una condena, Rui, Señor
como si una clase social estuviera destinada
a permanecer ad eternum sin movilidad;
es determinista, conservador, predecible,
es escribir como te dijeron que se hacía,
como viste que se hacía”.

Rui, te envía saludos la serpiente,
le parece que semejante trino
que hacer llorar de liberador y cosquilloso
es el adecuado para la oda que ella merece,
una oda que revierta su prestigio
inmerecido e indeleble: el gran tatuaje
del prejuicio que le endilgaron
por superstición y odio. Quizás por eso
se enamoró de tu trino, Rui
“con tu poesía me siento amada y defendida”

Serpiente:
el ruiseñor te devuelve los saludos

 

Regalo

te lo juro que quisimos guardarte el papelito
en donde los médicos nos recomendaron
que anotáramos las contracciones,
los lapsos de tiempo que se estrechan
hasta que llega el momento de partir al hospital:
eso queríamos, para enmarcarlo y regalártelo
cuando crecieras

pero fueron intensos los relinchos de tu madre
y en el nerviosismo y la prisa, perdimos el regalo.
a cambio, te cuento esto, espero aceptes.

Gritos en la acústica de las baldosas
del Hospital Italiano -Gascón y Potosí-
como el graznido de un ave que anuncia
la urgencia de la mañana,

una gárgola que te avisa algo con un grito
o un ave rapaz que te deja muy claro
que la montaña
le pertenece.

El taxista –desde entonces los miro
por si veo nuevamente al padrino circunstancial–
era de película gringa:
se sentía un héroe,
pasaba luces rojas
y sacaba las manos por la ventana
para avisar con voz de barítono porteño tu llegada.

 

Lo que dijo el montañista

no se puede rezar en una parroquia pequeña
que más parece una pasarela
llena de currutacos y cotorras.
Demasiado olor a propiedad privada.
La claustrofobia y el acento atroz
de los feligreses abeceocho
proyecta fugaz un Columbine cristiano
en el ecrán de mi mente y espíritu
culposo y non sancto
sediento de alivio remanso agua agua.

Sólo en el anonimato de las grandes catedrales
llenas de oficinistas y secretarias
moribundos suicidas y deudores
se puede dar un respiro en este trekking
y, claro, en las alturas.
Gloria a dios en las alturas.

 

PARA MERO DIVERTIMENTO DE LA AUDIENCIA

cada uno elige las goteras de sus radicalidades: en dónde
no aparecer, o más bien dónde asomar la mano
de ahogado como la cola de cocodrilo que aflora zig-
zagueante al meterse en la alcantarilla o el bote
de basura del comic mientras todo
sigue su curso: mujeres más guapas que jamás,
transeúntes varios y algún sonámbulo
que circula como si nada:
: todo está en perfecta normalidad
como decían en dictadura. Es una de Ruiz, quizás
o de Pepo, y no faltará alguien, más tonto que Wanrken, diga:
“sin duda hay surrealismo en la escena, y metafísica” Plop.
Pero uno escoge en qué Pasos de Drake
agitar esa mano -not waving but drowning-
para mero divertimento de la audiencia:
un detalle secundario, por lo demás, en la viñeta.
A ver, entre nos ¿cuál fue tu pacto
o transa para poder sobrevivir?
Publicidad, militancia, guiones de telenovelas,
compramos todo
a precio de huevo y chaucha:
las plantillas, matrices, o tablillas de Braile,
las elusivas goteras en el zinc o las fonolas.

Parecemos superhéroes que luchan
contra la tormenta cuando se pone
brava la natura. Me imagino que alguna vez en la vida
me harán caso con lo de parchar el techo
antes del invierno. Cómo
me encantaba subirme a los techos
aunque casi me cuesta una rodilla.

Encima, el enemigo a veces nos arroja
los libros que estima convenientes
desde aviones y helicópteros
para demostrarle al mundo su ayuda humanitaria
o humillarnos, como cuando Jaime Baily
le decía al cubano: “Sé que te gustan los helados
¿no te gustaría venir a Miami
a tomar unos Hagen Daas, los mejores del mundo?
¿No te vaya a gustar Miami y te quedes acá” Un niño
malcriado que le dice al otro”¿quieres? ¡compra!” Y si no hay
en el mercado o no tienes plata, me río en tu cara.
Gonzalo, cuenta la dura ¿Qué hiciste en China, en la RDA,
en Venezuela, en México, en la Argentina
de Menem? Me imagino
que hay que perdonarte todo
por esos poemas, magistrales para mi gusto
que barajabas y reordenabas más a siniestra
que a diestra. Listillo, aunque maestro.
Andaba en la billetera con un rosario de haykúes
dedicado a Gambarotta,
va así es una anáfora todos los versos
comienzan con “p ej”, un botón:

por ej esa gente que usa la expresión
muerto de hambre

Cada uno distribuye la matriz de goteras
de sus radicalidades perforada,
es como una tablilla para escribir en Braile,
por ahí se nos mete el agua a casa
y corremos de un lado a otro con recipientes.
Por ahí nos hacen de hoyo.

Cada tablilla es diferente entre todos nosotros
por eso nunca podemos detener la gotera
espesa, mezcla de óxido mierda y sangre
que en una mala película
simbolizaría el tiempo y la carcoma

-Y qué, ¿no me digas que quieres irte al campo?
Hasta se te seca la cannabis y las rosas,
sobrefertilizas o manoseas, ni hablar del riego
o del P.H. De qué me hablas.

La paleta de transas es distinta
en cada uno de nosotros.
Tu cediste en la prensa, el cedió al Estado, ella cedió a la TV.
Algunos eso sí pierden toda compostura hay que decirlo.

Y nunca coinciden nuestras transas –todos chorrean
por donde el otro tiene tapiado y así-
porque el chorro que importa
viene de más arriba. Nos tienen agarrados:
El chorro del dinero
y el del guanaco o carro lanza aguas.
Choro:
el año nuevo uno lo debería pasar
haciendo trekking duro, en silencio y lejos
o sentado en un zafu unas buenas horas.
Choro:
cada uno elige la gotera de sus radicalidades,
y la militancia es una especie de secta sangrienta
en donde sus líderes se descabezan cada tanto
con unos alfanjes y unas grotescas orejas
de pesadilla Lynch, orejas gigantes,
de coneja playboy y tortura.

 

Un joven escritor se pregunta por la inexistencia de rock and roll

Los tentativas democráticas engendraron
seres monstruosos e hiperlaxos
que parecen haber alcanzado el nirvana
luego de un curso rápido de meditación
o, quizás, los privilegios ablandaron demasiado
a los hijos de exiliados en Europa, no lo sé;
demasiada colección de vinilos
y conchitas de playa. Quizás la dieta.

Confundir la poesía con cables y circuitos
les caía como anillo al dedo
a los que se negaban al contenido y al pathos
del grunge o la poesía o el sexo explícitos
en los humillantes años noventa.

Si el tiempo fue brutal con la música electrónica
hoy se mudan al folk o a algún experimento
del sudeste asiático: dieta incluida, otra vez.
Parecen lobos marinos que toman el sol
en Valdivia o Bahía inglesa, galla.

No lo sé a ciencia cierta: el peso
de su trasero, tal vez.
La falta de depredadores.
El más descarado aburguesamiento.

 

Naturaleza muerta

Le suplicaba a mi hermana que no cortara
la parte oxidada de las flores que le había regalado.
Cámbiales el agua si quieres pero no elimines
esas hojas, deja que caigan solas esas partes
y cuando caigan, déjalas un tiempo en la mesa,
al menos un día, pule la mesa sin tocar esas hojas;
además, algunas partes que sueles podar
ni siquiera están oxidadas del todo. Y otra cosa:
deja un minuto los platos con residuos
sin desesperarte por lavarlos de inmediato,
ya los lavaré yo luego, no te preocupes;
descansa un segundo, fuma, tírate en la cama
por el amor de dios, échate en el sofá, permíteme
un segundo, te voy a leer unas páginas de Tanizaki
acerca de las pátinas y vestigios del tiempo sobre las cosas;
te vas a reír con cuando habla de los excusados japoneses.

 

Me sale una cosa súper rara de la cabeza

Todo bien por esos tiempos
cumplía resistía ganaba
pero durante la noche
por un orificio de mi cabeza
me salía un líquido espeso
como petróleo usado
como tinta de cartucho no original
y tenía un olor mareador
no especialmente desagradable
pero extraño.

Cerraba el baño con llave.
Abrazaba el wáter o el lavabo
y dejaba que empezara
la gotera luego el chorro luego
tiraba la cadena o daba el grifo,
me bañaba y quedaba
sereno, con sueño, renovado.

Me acuerdo ahora y pienso
qué habría pasado si en ese trámite
me hubiera encontrado el terremoto.

Quizás habría salido con la cara
como la de una modelo llorona
o la de un soldado carapintada
del tiempo de mi adolescencia;
habría salido, sereno, claro está,
pero con la cara y la camisa
como dálmatas.

Oye qué tienes en el rostro.
Y qué habría respondido yo.

Habrá pasado cosa de un año
desde que me pasaba eso. Nunca
antes había lo había contado.

 

El clima es un pintor, Nicoletta

Este es un país sísmico: si bailas
no sentirás el terremoto que no es sino
una imitación de hacer el amor

El clima es un pintor, Nicoletta
Madre natura se muestra descontenta
con la desplanificación urbana x usura
y se sacude toda la cascarria:
todo es impermanente, Nicoletta
como este affair que, calculo, será breve.
Todo es impermanente pero cuando
uno hace el amor no se da cuenta
que un terremoto tiene la intención
de borrarnos del mapa

Porque siempre han querido
borrarnos del mapa.

Este affair va a ser breve, Nicoletta
pero me arrojo con todo, caradura
—que de otra manera sería imposible-.
Gracias por la fotografía en todo caso
de la marca del sol sobre tu cuerpo:
tuviste que reemplazar ese traje de baño
porque habías subido un par de kilos
y quedó ese tatuaje: la marca de dos trajes de baño
sobre tu cuerpo. Una fascinante
y nueva especie de arcoíris descubierta por mí.
Tres tonos de piel. Tres mujeres.
Hacer el amor con tres mujeres.

 

El tsunami

Entonces andaba dios con déficit atencional
o rabia. Una de tres. El asunto es que el pato
lo pagan los de siempre. Ahí tienes
tu arte moderno: una cascada de muñequitas
sin brazos, fotos de décadas pasadas
y tubos anticuados para rizar el pelo.
A unos turistas les dio risa el aviso de tsunami:
un hombrecito que huye despavorido
de la ola esquemática. Ríete nomás bolú,
a ver si así te toca a ti una cumbia terrestre

o un tsunami que tapice la ciudad de algas marinas
como cinta de cassettes antiguos o vhs de traci lords
sobre los postes, las aceras y edificios
en una mega performance.

Otro argentino me dijo que cuando niño
le contaban que el mar iba a subir
hasta la cima de las montañas
y que los chilenos huirían en éxodo
hacia el lado argentino. Entonces
saltarían como langostas
invadiendo Buenos Aires, algo así
como esos ladrones de joyas tipo ninjas
de las películas de acción
o los lavadores de ventanas de los rascacielos.
Sonaba bien el cuento, mezcla perfecta
de Aira con Zurita, o sea: de agua con aceite.

Empiezo a hablar de montañas
y termino hablando de mujeres
que, claro está, son montañas esculpidas.

Empiezo hablando de montañas
y termino hablando de rodillas exangües:
nos levantamos del zafu como ancianos
y como ancianos caminamos luego
de bajar los senderos infinitos. En el fondo
buscamos sentirnos como ancianos
porque la juventud nos repugna.

Las rodillas son los talones
de Aquiles:
yo por ejemplo, quiero unas nuevas.
y quiero hablar de montañas,
no de rodillas maltrechas
que ni para rezar sirven.

Para Javiera Dey

 

Los machos desterrados

Dos hombres se juntan a leer poemas, conversar y beber. Los dos han perdido recientemente a sus respectivas novias. Hablan de los trabajos del amor, el difícil arte de la doma de uno mismo para contener y tener esa paciencia infinita que es la masculinidad, de eso se trata y eso trae resultados, aunque no haya que esperarlos. Ninguna otra opción sirve. Los dos leen poemas ajenos y propios. Hablan de libros y búsquedas espirituales. Nada de política, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más joven encuentra que todo lo que se escribe en poesía actualmente es una mierda. Tampoco hablan de narrativa, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más viejo le lee al joven el siguiente poema de desamor:

De todas las maneras de mirar
un mirlo

-es tu trabajo, mirar,
lo del cine-

de las 13 maneras
de mirar un mirlo
-saqueadas por todos,
me agrego a la lista-

se te debe haber olvidado alguna,
o hasta más de una
o quizás todas.

El cinematógrafo es mirarse
sin hablar
o mirar juntos
ya no 13
sino 26
o infinitas maneras
al mirlo.

Todo esto ya está dicho
pero lo difícil
es aplicarlo

Sólo los ojos
de los que se amaron
cuando se amaron
son irrepetibles

como una toma
que entregó el azar
-o Dios, pongámosle-
como obsequio

a los que produjeron
las condiciones
para un encuentro,
y supieron
o no supieron
aguardar.

Uno de los dos, el más joven, recibe una llamada telefónica de su ex. Al parecer, la recuperará. El otro hombre se alegra por eso. Como el hombre más joven, el que recibió la llamada, está extremadamente alegre, saca un cigarrillo de marihuana holandesa y como ninguno de los dos es un fumador habitual de cannabis, ríen como dos niños. Les causa particular risa el matriarcado extremo de las plantas de marihuana. De todas las plantas que crecen, hay que detectar de inmediato a los machos y aislarlos por completo para que no puedan fecundar por ningún motivo a las hembras, que crecen erguidas y majestuosas, llenas de perlas de resina, como altos templos budistas o fortalezas chinas medievales, con la columna recta de una reina adulta pero con la turgencia y ternura de una adolescente. En tanto, el macho es aislado y se lo ve ahí, su silueta sobre el techo, con las semillas colgándoles como testículos tristes, raquítico y cabizbajo, sin poder fecundar a nadie y encima exiliado. Una desgracia total ser macho en el mundo de la cannabis. El hombre más viejo y el joven no pueden parar de reír con esta última historia hasta que el más joven se duerme de felicidad en el sofá como un niño mientras el otro hombre sale al patio a tomar un vaso de agua y mirar la noche.

 

UNA ALMOHADILLA EN FORMA DE CORAZÓN EN DONDE LAS COSTURERAS CLAVAN AGUJAS Y ALFILERES

Consolémonos: el corazón
pedía un tajo. Hoy
una lanza triunfal lo exhibe
en la arena de las gladiadurías.

Corte por lo sano. Libertad.
Rito inicial y comunión. Punto.
Lección del golpe de estado
en el estado de ánimo.

El corazón es un trapeador,
una mopa que estila cera,
un manojo de gasa usada
que estila y llora yodo,

una oveja roja en cuyo flanco
la oveja negra es un chiste;
una oveja roja que como oruga
escribe zuritiana en el desierto.

La mujer preña al hombre
luego de penetrarlo
para sacarle su taquicardia
y redimirlo,

para terminar la brigidez
y recomenzarla.
Por la oscuridad y el vacío
que son recreo y merienda.

Se trata de pinchar la esfera
para liberarla de su peso.
Grano, textura, opacidad
en vez del insidioso H.D.

Esos ojos vívidos y tontos
exigían una decepción,
una hendidura para el cauce
del exceso de sangre inútil.

 

Creo en la dictadura*

Para qué la voz
en vivo y en directo,

para qué conocer
tan de cerca
a la gente

Creo en la dictadura
de la sala de cine

y en el vidrio que no permite
caricias entre presidiario y visita.

Quizás si la gente
se comunicara de esa manera
todo sería mejor.

*de la sala de cine

Germán Carrasco Germán Carrasco • 30 agosto, 2017


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