RUDA (2010)


El libro se articula sobre la Ruda, esa planta esotérica y mistraliana, de raíz leñosa, hierba castrense e iniciática, la kriptonita de los vampiros, el talismán contra hechiceros y nigromantes capaces de machitunearnos solo con la foto del Facebook. Carrasco ya nos había convencido del carácter vegetal de su poesía (uno de sus anteriores libros se tituló Calas) y en este caso, el bosque de rudas que protege al poeta es la emulsión, el vértigo de una escritura latente, donde los ninjas saltan a la página en blanco y un hombre piensa que el rock es luz y que todo poema es un regalo hecho con devoción.

IMAGEN Y SEMEJANZA (Antología, 2016)


“Habla, entonces, desde sí mismo. Sabe detenerse, introducir otro asunto, como otro tema musical que aparece y desaparece y puede volver: una frase corta, un punto aparte, luego una abrupta expansión. La voz es áspera, casi áfona, para traer una palabra que le es frecuente; parece que está a punto de desafinar, pero su sintaxis impecable se va afirmando en las palabras, apoyándose en ellas así como Thelonius Monk cuando cada nota queda clara y suspendida. No le interesa la eufonía, no se le da para nada, no se deja llevar por el sentimentalismo ni el buen gusto. Poesía afirmativa, explícita, al borde del enojo y ahí, contenida”.

Ernesto Rodríguez Serra

MULTICANCHA (2005)


“Una cancha para usos múltiples, pero cerrada. Un espacio vedado, cuyas rejas trepará el poeta como un mono-araña, voraz de juego. Acaso la poesía no es más que un ejercicio de infiltración: el poeta como allanador. El asedio de Germán Carrasco es ágil, mundano y antiheroico, como un escuincle habilidoso que se cuela, carcajeándose, entre las patas de los elefantes blancos, monstruos urbanos. Hay que seguirlo: tiene un olfato natural y sabe abrir caminos.”

CLAVADOS (2003)


¿Qué son los clavados? Esa no es la pregunta adecuada. ¿Quiénes son los clavados? Parece ser la que merece nuestra atención. Entre el qué y el quién, está la diferencia del lenguaje para nombrar lo mismo de un modo nuevo. Bajo el título del libro de Carrasco había un secreto. La afirmación de que, por el sólo hecho de preguntar, esos clavados existen. Menester poético: dar con esos clavados, con vida.