El poeta acaba de publicar un conjunto de textos literarios en Prestar ropa, que se une a otro libro de prosa que editó a mediados de año, Retrato de la artista niña y otros apuntes. El autor se refiere a la violencia actual, procedente de “la herencia colonial”, dice, rescata la poesía de Gonzalo Rojas y señala que las editoriales independientes “quieren ser como las grandes”.

Por Javier García / La Tercera

Junto a su hijo, de nueve años, asiste a un matrimonio y en el trayecto juegan a “los predicadores”, ya que ambos van de terno y corbata. Golpean la puerta de un hogar desconocido y dicen: “Buenas tardes, traemos las buenas noticias de una vida plena”.

Las frases sueltas e irónicas de Germán Carrasco (1971), narrando historias junto a su hijo, se repetirán en otros textos de su nuevo libro Prestar ropa, recién editado por el sello Lumen. El destacado poeta de la generación de los 90, no solo se refiere al vínculo con su hijo en Santiago y Buenos Aires, donde lo visita, ya que él vive allá; también cuenta la historia de un auto abandonado, se refiere a la tabla métrica de Andrés Bello, recuerda anécdotas en los patios de la Facultad de Filosofía de la U. de Chile y ahonda en el proceso de escritura de un poema.

No tan lejos andan sus escritos de Retrato de la artista niña y otros apuntes, publicado hace seis meses por Ediciones UDP. Sin embargo, en este ejemplar, hay una intención de mayor registro literario, con apuntes sobre la obra de Carlos Pezoa Véliz, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, como del autor norteamericano John Ashbery.

Guardias y soplones

¿Cree que el rencor funciona como un motor para escribir?

Lo único que moviliza a la palabra es el amor. Ahora bien existe un apego a los formatos fijos y un verdadero pánico con los formatos no autorizados o considerados ilegítimos. Faltan muchas piezas en el juego y eso, por ejemplo, provocó el estallido social que sabíamos era inminente. La gente está muy poco acostumbrada a la falta de certezas en todo orden de cosas. Y es la falta de certezas el territorio por donde debemos transitar, cruzando la cuerda floja con la mayor elegancia posible. La literatura es un símbolo anticuado y con cierta aura, por eso hay gente que quiere que la palabra de otro desaparezca, y es difícil hacer desaparecer algo a no ser que mates al sujeto.

¿Cómo ha visto el desarrollo del estallido social?

Cuando comenzó estaba en Buenos Aires con mi hijo y el poeta Martín Gambarotta y su hija de meses. Seguimos el desarrollo político de cerca y luego salimos a celebrar el triunfo de Alberto Fernández, el día después que fue la primera marcha grande en Plaza Italia. Los argentinos estaban atentos a lo que ocurría acá, uno de los candidatos consideraba a Chile como un ejemplo. El avión salía a las 4 am a Santiago así que casi no dormí. Al llegar, sin sacarme la mochila, me integré a la primera movilización que vi fuera de Tribunales. Luego hicimos un piquete con unos amigos libreros y escritores para asistir a las movilizaciones y de paso reflexionar sobre el tema. Se vienen cambios demasiado importantes y no se puede ser neutral. No se puede ser neutral en un tren en movimiento.

prestar ropa

En Prestar ropa se refiere en El acto policial a “esa cosa de prohibir todo, propia de un país de guardias”. ¿Somos un país opresor?

Habría que preguntarle a los historiadores, pero es la herencia colonial española y la estructura hacendal del país la que generan una nostalgia por el látigo y el cepo. Probablemente a todos nuestros bisabuelos los azotaron cuando niños por robarse una manzana, y ellos repiten ese gesto. Por eso ganó la dictadura. Eso explica también la imposibilidad de liderazgos adaptativos, la poca funcionalidad debido a la desconfianza racista y clasista. Todas esas cosas son estancamiento y nos convierten en una provincia llena de rejas, guardias y soplones, que se dan en todo orden de cosas, incluso en los ámbitos más progre.

En otro escrito de Prestar ropa apunta: “En Chile existen los años noventa, pero no la generación del noventa”.

Ocurre que siempre faltan piezas. De los noventa tenemos algunos relatos. Y no están otros, recuerda aquellos crímenes por parte de los aparatos de inteligencia de la Concertación. Fue una época traumática por las esperanzas que algunos habían depositado en esta gente, que los endeudó, les robó, que legitimaron. Esa desilusión, produjo mucha decepción y reviente. Estamos acostumbrados a las lecturas únicas que nos ofrecen del asunto. Faltan piezas, todo se solidifica y oxida muy rápido. No hay movilidad, circulación, renovación de sangre, ángulos distintos.

En sus ensayos valora la poesía de Gonzalo Rojas, habla de su “maestría verbal”, en tiempos que parece un poeta invisibilizado…

Gonzalo Rojas es técnicamente un virtuoso. La técnica no es lo único, pero además es hondo, su fraseo es el oleaje, jazz y montaña rusa. Hay dos tipos de mujeres que lo leen: algunas rechazan de inmediato sus fantasías sexuales y otras mujeres lo leen con serenidad y gozo, era el libro calentón para leerse entre amantes en algún momento. Pero el contenido sexual es ficción, así debe leerse, Gonzalo es en términos de forma -no de contenido- probablemente uno de los mejores poetas chilenos de todos los tiempos. La visión de la mujer, a veces, es en más ocasiones sagrada que porno, pero sus fantasías sexuales deben ser leídas como ficción. Estoy de acuerdo que haya que olvidar autores que fueron infinitamente más reaccionarios e incorrectos políticamente que Rojas. Ahora tampoco sé si se merezcan la quema de sus libros. No nos podemos perder a uno de los mejores porque está en una lista negra. Si es por eso no podríamos leer la Biblia.

Recién ocurrió la Furia del Libro y Ud. tiene una visión crítica de las editoriales independientes. “Quieren ser como las grandes”, escribe.

En estos momentos tenemos que buscar los puntos de encuentro, que son precisamente los que están en el mundo de la palabra. Me encantan todas las editoriales pero es medio divertido cuando se creen Knopf, Farrar, Straus and Giroux, Siruela o Pretextos. Rechazan manuscritos, discuten cosas gramaticales que desconocen, ni hablar de guiños, humor o subtextos. Sinceramente, prefiero las editoriales con distribución. O de frentón el underground, que a todo esto no existe, lo que habla muy mal del país, y donde tendría que foguearse una literatura deforme, audaz, censurable y maravillosa. Eso no existe. Todos quieren ser censores, los libros son caros y sobrediseñados, tienen unos comités en donde meten mano hasta cuatro personas. Todo bien, pero son tiempos en que tiene más sentido el roneo, la literatura corcheteada y la circulación.

Hay un escrito que titula Métrica y artes marciales y alude a la tabla métrica de Andrés Bello…

Amo la métrica, la uso e intento crear una métrica propia. Para un lector medio, métrica o verso libre dan exactamente lo mismo, lo importante es que el poema emocione y porte un misterio. Con respecto a las prosas, una de ellas habla de un profesor que relaciona la Tabla de endecasílabos de Andrés Bello con los deportes de contacto. Como sabes, Bello creó una Tabla métrica que usamos todos hasta el día hoy, un corpus no despreciable de poemas, y el Código Civil de Chile, que reguló las materias jurídicas del país cuando este se emancipó y el modelo español resultaba obsoleto. Si estamos en tiempos de cambios profundos, como ocurre hoy, el pacto con la literatura es otro. La figura del escritor es otra. La figura del poeta como representante de una nación no sirve ni funciona. A nadie le gusta que piensen en su nombre, ni a un empresario me imagino. Es esa aura de autoridad la que muere.

Germán Carrasco desarrolla talleres literarios, individuales y grupales, interesados escribirle al email: gcvielma@yahoo.com.ar.

Última modificación: 23 febrero, 2020